Poner límites es decir te quiero…

Hay una escena que siempre menciono en mis talleres para parejas: cuando alguien visita leones en su hábitat, lo primero que hace al acercarse es cerrar la ventana. No porque odie al león, sino porque reconoce su fuerza, su instinto, su naturaleza. Eso, exactamente, es un límite.

En estos meses de planificar tu boda, seguro ya lo sentiste: la opinión de alguien sobre el menú, la lista de invitados que ‘de pronto’ creció, la sugerencia bien intencionada de un ser querido sobre el vestido. Y detrás de cada una, la misma pregunta silenciosa: ¿digo lo que pienso, o lo dejo pasar para no incomodar?

Poner un límite no es alejarte de alguien, es un acto de amor. No hacia ti solamente — también hacia la persona con la que estás poniendo el límite.

Piénsalo así: cuando dices que sí a todo por evitar el conflicto, no estás cuidando la relación, la estás vaciando. Cada sí que en realidad era un no se acumula, y ese peso no desaparece —solo se guarda, calladito, hasta el día que explota por algo que ni siquiera tiene que ver con lo que lo originó. Es como decir en casa de tus suegros que te encanta el pastel de manzana – y en realidad lo odias – y cada vez que llegas te lo preparan, porque dijiste que lo amabas. Hasta que un día, enojada por otra razón, dices: … y además, odio el pastel de manzana. Pero en realidad nunca lo dijiste.

Si no pones los límites, los que te aman y los que te rodean, no saben que los están trasgrediendo; por eso el primer paso cuando alguien trasgrede un límite es preguntarte: ¿ya puse este límite? ¿debo recordárselos? o ¿debo establecerlo?

Un límite bien puesto suena distinto a un pleito. No es ‘ya no aguanto más’ gritado un mes antes de la boda. Es ‘esto sí, esto no, y te lo digo ahora, con cariño, porque me importa lo que construimos’. Es específico, es razonable, y viene de conocerte a ti misma lo suficiente para saber qué necesitas proteger.

Y aquí es donde la planificación de tu boda se vuelve, sin que lo hayas pedido, el primer entrenamiento real para poner límites en tu matrimonio. Porque los límites que no aprendes a poner ahora —con tu familia, con la familia de tu pareja, con proveedores que prometen de más— son los mismos que te va a costar poner después, cuando ya no se trate de una lista de invitados sino de cómo van a criar a sus hijos, o de cuánto tiempo le dan a cada familia.

Tres lugares donde vale la pena practicar esto, mientras planeas

•  Con las opiniones de fuera. No todo lo que te sugieren tiene que convertirse en instrucción, puedes escuchar con cariño y decidir distinto.

•  Con el dinero y el tiempo. Un presupuesto y un calendario son, en el fondo, una serie de límites que ya decidieron juntos, sosténganlos.

• Con ustedes mismos. A veces el límite más difícil de poner es con la propia pareja: decir ‘esto no lo puedo seguir cargando yo sola’ antes de que se vuelva resentimiento.



TIP PARA ESTA SEMANA

Piensa en un límite que has estado posponiendo por no incomodar a alguien. Esta semana, dilo. No como reclamo — como algo que te importa proteger.

Recuerda: un límite dicho a tiempo es, casi siempre, más fácil de escuchar que uno que explota más adelante.

Con cariño

Dunia Dubón de Morales

Esta reflexión es parte de lo que exploro con más calma en mi libro "Filosofía Aplicada al Arte de Vivir".

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